martes, 19 de marzo de 2013

El dolo



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La forma de ejecución dominante en los delitos socioeconómicos será la dolosa (salvo excepciones) siendo necesario analizar en el caso concreto si el dolo es directo o eventual.

En la mayoría de los casos nos encontraremos en los tipos penales expresiones denotativas de dolo directo. Por lo que el dolo eventual va a tener un papel preeminente; sino fuera así los tribunales tendrían problemas para acreditar la concurrencia de muchos de los delitos, unido a que no existan tipos imprudentes.

El dolo

En Derecho penal económico es donde se comprueba con mayor claridad la necesidad de revisar la concepción tradicional que considera el dolo como un proceso psicológico como conocimiento y/o voluntad.

De acuerdo con Vives, entre la intención y la acción típica hay una relación interna de tal suerte que la intención característica de dolo no puede ser atribuida a un sujeto si no media un “compromiso” de llevar a cabo la acción que se trate.

Este compromiso no puede fundamentarse desde un proceso psicológico sino desde un plano normativo: será necesario examinar aquellas reglas (sociales/ jurídicas) que definen a la acción como típica y ponerlas en relación con los conocimientos o la competencia del autor para poner en relieve si era consciente de que lo que hacia iba en contra del ordenamiento jurídico.

Actualmente, la doctrina tiende a la vertiente cognitiva y no volitiva del dolo. Nuestro Tribunal Supremo ya lo hizo en su sentencia 24/4/1992. A la vista de esta tendencia se plantea la posibilidad de introducir alguna modificación en el tipo objetivo de los delitos dolosos que permita distinguirlos de los tipos culposos. La conducta dolosa se caracterizaría por el conocimiento de un riesgo cualificado. La configuración del riesgo cualificado podra hacerse en base a dos criterios:

1. Descriptivo: realizando consideraciones de índole fáctica

2. Normativo: mediante una valoración que (teniendo en cuenta los conocimientos y representaciones del autor con relación a los hechos) pondere cual sería en esas circunstancias la actitud de un sujeto razonable y conocedor del bien jurídico. En el Derecho penal económico, en la mayor parte de las ocasiones, el objeto del dolo se proyectará sobre la normativa extrapenal. De ahí que los tribunales no se verán obligados a acreditar que el autor había previsto la producción del resultado antijurídico y que lo había asumido.

Mas bien, aunque el autor no hubiese previsto nada, si muestra una actitud de despreocupación hacia la vulneración del bien jurídico, se apreciará el elemento volitivo del dolo con independencia del “querer” psicológicamente concebido, siempre que se afirme que el autor era operador de la vida económica que dominaba los técnicas del sector de actividad que se trate y que conocía el peligro cualificado de que en el caso concreto se produjese la vulneración del bien jurídico.

Conclusión: sería aconsejable mantener un enfoque puramente cognitivo que deje al margen la acreditación del tradicional elemento volitivo. Con ello, podríamos conseguir resultados más satisfactorios ya que los tribunales ante la imposibilidad de acreditar el elemento volitivo o con la excusa de que no concurre un elemento subjetivo toman decisiones absolutorias.

Fuente:
Apuntes sobre Derecho penal económico, Enrique Gaya Picón.