lunes, 25 de marzo de 2013

Resultado, causalidad e imputación objetiva



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Como es sabido, los delitos de resultado son aquellos cuya estructura típica exige la producción de un efecto sobre el objeto del bien jurídico separado en el espacio y en el tiempo de la acción. Se exige que acción y resultado se encuentren unidos por un nexo objetivo que permita afirmar que el resultado es materialización del riesgo creado por la acción y, por ello, imputable a la acción del autor como obra suya.

Tradicionalmente, bajo el imperio del dogma causal, dicho nexo se constataba con la relación de causalidad, es decir, bastaba con que el resultado hubiera sido causado por la acción. En este contexto se plantean dos problemas distintos que deben ser resueltos acudiendo a criterios diversos y que conviene no confundir. El primero consiste en determinar si existe o no relación de causalidad entre la acción y el resultado (problema naturalístico), mientras que el segundo consiste en determinar si el autor de la acción que es causa del resultado ha de responder criminalmente por ese resultado (problema jurídico).

En un principio se confundían ambos problemas y se reducían a uno solo, en el entendimiento de que mediante la constatación de la relación de causalidad se podía determinar sin más la responsabilidad criminal. Tanto la doctrina como la jurisprudencia acudían a la teoría de la equivalencia de las condiciones (conditio sine qua non) para determinar la relación de causalidad, considerando que todas las condiciones del resultado tienen idéntica equivalencia de causa. Desde esta perspectiva se afirmaba que es válida como causa toda condición sin la cual el resultado no si hubiera producido (conditio sine qua non). La teoría de la condición conduce a una inaceptable amplitud del ámbito de las personas responsables, dado que permite retrotraerse en la cadena causal hasta el infinito.

Ente esta situación, la doctrina y la jurisprudencia recurrieron a las teorías individualizadoras de la causalidad para restringir tales resultados, apostando por un concepto de causa más restringido, aunque hoy ya se encuentran abandonadas. A diferencia de la teoría de la condición, estas teorías individualizadoras parten de la distinción entra causa y condición, en el sentido de que no toda condición del resultado puede considerarse causa del mismo, sino solo aquella que tenga mayor eficacia causal.

La teoría de la adecuación, que también tuvo su origen en este contexto científico-causal, logró alcanzar significación práctica en la doctrina y jurisprudencia, pero hoy se acepta mayoritariamente que no puede ser considerada como una teoría de la causalidad, sino como una teoría de la imputación, es decir, como un límite ulterior de la responsabilidad sobre la base de la causalidad. Esta teoría considera causales solo a aquellos comportamientos que habitual o generalmente sean apropiados para producir el resultado típico.

Esta misma idea había sido reconocida ya por la teoría de la relevancia (jurídica), sirviendo de base a la misma, en cuanto que tomaba como premisa de partida la causalidad para limitarla, seguidamente, conforme a los principios de la adecuación y de la relevancia típica del comportamiento. Por ello, tanto la teoría de la adecuación como la teoría de la relevancia pueden ser consideradas como las precursoras de la teorías de la imputación objetiva.