lunes, 25 de marzo de 2013

La tipicidad (violación de normas)



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La tipicidad consiste en la descripción de la acción prohibida y es sinónimo de la materia de prohibición o contravención de la norma. Un hecho es típico cuando se encuentra expresamente recogido en un precepto de la parte especial del Código.

Normalmente el comportamiento consistente en matar a otro es un hecho típico-art. 138 CP-y antijurídico, es decir, por lo general el hecho de causar la muerte de otra persona no está permitido por el Ordenamiento jurídico. Ahora bien, no siempre es así, piénsese en el supuesto del que mata a otro para salvar la vida de un niño que está siendo agredido de forma ilegítima por otro. En este supuesto, si bien la acción de matar es típica, sin embargo, no es antijurídica ya que se actúa en legítima defensa.

Para poder hablar de tipicidad es preciso que se afirme la imputación objetiva del resultado al comportamiento del autor. Es necesario que la acción realizada, desde una perspectiva ex ante, se considere objetivamente peligrosa para el bien jurídico y que tal peligro esté prohibido.

Acción de riesgo desaprobado: un sujeto conoce el riesgo que asume al subirse a un vehículo conducido por una persona ebria, acepta que este lo lleve hasta su casa. ¿Podría imputarse objetivamente el resultado de lesiones del copiloto al conductor?

Acción de resultado: Tras una discusión, Pedro golpea a Emilio desconociendo que este es hemofílico. El golpe, que en cualquier persona solo hubiera provocado una lesión leve, a él en cambio le causó la muerte, debido a la enfermedad preexistente.

La teoría de la imputación objetiva se ha convertido en una teoría que se pronuncia sobre el carácter injusto de los resultados producidos. Wolter construye una imputación objetiva no solo del resultado sino también de la conducta. Jakobs denomina a la teoría general de las condiciones del delito, simplemente, teoría de la imputación.

Críticas procedentes fundamentalmente de la teoría finalista (Kaufmann y Frisch). Los partidarios de la concepción del injusto personal piensan que los supuestos resueltos a través de la imputación objetiva en el ámbito de los delitos dolosos, encontrarían solución con la aplicación de los criterios del dolo y de la teoría del dominio del hecho, mientras que en los delitos imprudentes se ha sustituido el criterio de la infracción del deber por el de la creación de riesgos desaprobados.

a) DELITOS DE ACCIÓN Y DELITOS DE OMISIÓN

Puede distinguirse entre delitos de acción o comisivos, en los que se infringe el mandato prohibitivo, haciendo lo que no se debe, y delitos de omisión, en los que se sanciona el incumplimiento del mandato que obliga a actuar en determinados casos.

Dentro de los delitos omisivos puede, a su vez, diferenciarse entre los supuestos de omisión propia, los de omisión impropia y los casos de omisiones de garante.

Los delitos de omisión propia se caracterizan porque el injusto se agota en la no realización de la acción requerida por la Ley. En tal clase de delitos, la no evitación del resultado no significa un deber para el amitente, ni la causación de un peligro o lesión del bien jurídico protegido es un elemento del tipo. Es un delito de omisión propia el no socorrer a una persona desamparada en peligro manifiesto y grave cuando pueda realizarse sin riesgo propio ni de terceros (art. 195 CP).

Los delitos impropios de omisión son delitos de resultado y se producen por la omisión de un comportamiento que el autor tenía la obligación de realizar y que, de haberlo hecho, con toda seguridad, hubiera evitado el resultado. Los delitos por omisión, pese al intento doctrinal de elaborar una dogmática que reforzase el principio de seguridad jurídica en esta materia, continúan representando hoy día una de las vías más peligrosas de expansión del Derecho Penal; esto afecta, sin duda, entre otros, al principio de intervención mínima del Estado ya que el reconocimiento de la omisión impropia posibilita la extensión del control penal a supuestos de ausencia de comportamiento en los que el sujeto ostenta la obligación de impedir la producción del resultado.

La cuestión más problemática sigue siendo la concreción de los deberes de garante trascendentes para el Derecho Penal. A lo largo de la evolución doctrinal sobre el concepto de garante, se han ofrecido fundamentalmente dos teorías: una tesis tradicional basada en el origen de los deberes jurídicos-teoría formal del deber jurídico-que solo acepta como posiciones de garante las que surgen de la ley, el contraro y la acción precedente. Frente a esta tesis existe otra que tiende a sustituir la tradicional tripartición de las obligaciones de garantía por una bipartición funcional centrada en el contenido material y el fin de la posición de garante: la “posición de protección” de bienes jurídicos y la “posición de control” de conductas y hechos de riesgo.

Junto a las figuras de la omisión propia y la impropia, existe otra modalidad que es la omisión de garante. Un caso de omisión de garante es el previsto en el art. 196 CP que sanciona al profesional que, estando obligado a ello, denegare asistencia sanitaria o abandonare los servicios sanitarios, cuando de la denegación o abandono se derive riesgo grave para la salud de las personas.

b) DELITOS DOLOSOS Y DELITOS IMPRUDENTES

El Derecho Penal solo puede sancionar aquellos comportamientos que atenten o pongan en peligro bienes jurídicos cuando concurre el conocimiento y el deseo del autor de realizar los elementos que contribuyen a su configuración o cuando la producción del resultado se origina al lesionar un deber de cuidado. En definitiva, si la misión es la protección de bienes, solo se puede sancionar al que, de algún modo, desea tal lesión o es enormemente descuidado. Existen dos clases de delitos en función del conocimiento del autor de la posibilidad de comisión del hecho y su aceptación. Se habla de delitos dolosos cuando el sujeto conoce todos los elementos objetivos del tipo penal y acepta su realización. Por otra parte, se trata de delitos imprudentes cuando no desea la producción del resultado pero infringe un deber de cuidado que da lugar al resultado no querido.

Frisch: solo basta que el sujeto tenga conocimiento de la peligrosidad de su comportamiento y de que esta ya no es tolerada por la ley. Será doloso el comportamiento del que, sin querer matar ni resultar lesionado, inicia conscientemente un adelantamiento sin visibilidad en una curva provocando un accidente y la muerte de los ocupantes del otro vehículo.

La sanción de los delitos dolosos es más grave que la que corresponde a los delitos imprudentes. La razón radica en que en los delitos dolosos el autor desea la producción del resultado, existiendo entonces un mayor desvalor de la acción, a diferencia de las acciones imprudentes en las que el autor provoca el resultado, no como consecuencia de su propio designio sino de la infracción de un deber. A su vez, la clasifiación de la imprudencia como delito o falta depende, no del resultado producido sino de la mayor o menor gravedad de la infracción del deber, y la graduación, en su vertiente subjetiva, se supedita al conocimiento o no del riesgo generado.